Este espacio lo utilizo para escribir lo que me apetece, a veces, tiene que ver conmigo y otras con lo vivido sin ser el protagonista, pero siempre estoy de acuerdo con reflexionar sobre lo escrito.
al otro lado del teclado estoy yo y quien me lee, ojalá algún dia la humedad solo sea de los besos que me das.
-Porque el dinero lo robaron ellos (los bancos, las grandes empresas, las constructoras, el gran capital) y lo hemos pagado nosotros/as con nuestros impuestos.
-Porque el dinero lo robaron ellos y rebajan el sueldo a los trabajadores/as de la administración pública.
-Porque el dinero lo robaron ellos y los contratos solo tendrán 33 días de indemnización si eres despedido, es decir, se quedan con 12 días por año de nuestro trabajo.
-Porque el dinero lo robaron ellos y ahora ya no eres viejo/a para trabajar a los 65 años, sino que de golpe y por arte de magia, lo eres a los 67.
-Porque el dinero lo robaron ellos y nos amenazan con no cobrar las pensiones.
-Porque el dinero lo robaron ellos y han despedido a los que trabajaban en sus empresas por un salario.
-Porque el dinero lo robaron ellos y quiero que lo devuelvan.
Por todo eso, y mil razones más que habrás escuchado, yo voy a LA HUELGA GENERAL.
Dicen que es la forma mas suave que existe para decir una mentira, es como cuando alguien feo te pregunta ¿te gusto?, tienes que pausar la verdad, y contestar aquello de “no estas mal pero no eres lo que busco”.
Lo malo de todo esto, es que nos vamos acostumbrando a pausar la verdad demasiadas veces, no solo para mentir por la fealdad de un semejante, que es cruel, sino para expresar algo tan simple como nuestro estado de ánimo.
Expresamos con dificultad los sentimientos pero nos cuesta mucho más trabajo expresarlos cuando estos van dirigidos a alguien en concreto, es ahí donde perdemos el respeto a la verdad, es en ese momento donde la pausa se convierte en silencio y el cambiar de tema se hace imprescindible, nos da pavor, terror, nos conmueve todos los cimientos de nuestro ser, pensar, saber, creer que nuestros sentimientos han dejado de pertenecernos y forman ahora parte de eso que se llama: la sin razón del querer.
Estamos inmersos permanentemente en algo difuso, vamos a más velocidad de la que nuestro corazón es capaz de bombear sangre, para que la maquinaria resista, por eso tantos infartos, y por eso tantas lágrimas derramadas, no por el temor a terminar antes de tiempo este iluso pero bello cuento, sino por dejar de contralar a la bruja y malvada protagonista del mismo.
Vamos tirando pausa tras pausa de nuestras verdades, las hacemos factibles para creernos a nosotros mismos, para no sucumbir al desánimo de creer que todo y todos son una mentira. Acotamos los tiempos y los caminos, los tiempos para querer los pausamos cada vez más, nos hacemos incrédulos del querer, y recorremos caminos sin ver el paisaje solo quemando kilómetros, siendo promiscuos del tiempo y del espacio, creyendo, sin pausa, que cuantas mas manzanas comamos más príncipes besaran nuestros labios, y que un beso nos despertará del bello sueño de no soñar, dicen que es cuando más se descansa, y volveremos a recorrer el camino acompañados y el tiempo pasará como la arena del reloj cae, lenta pero inexorablemente macabra, pues nos guste o no, caerá el último grano.
Tiramos demasiadas sonrisas al aire cuando nadie nos ve, y pausamos la verdad, cuando todos nos miran, nos avergüenza saber que estamos contentos por un trabajo bien hecho, o por un abrazo recibido, o por el estrujón de un desconocido niño con falta de cariño paternal, o peor aún sentimos demasiada vergüenza cuando estamos enamorados, y guardamos tanto en la despensa que caduca antes de poder gastarlo.
Hoy tengo que pausar la verdad, para decirte que te he olvidado, hoy tengo que pausar la verdad para decirte que ya no escucho la música que me has aconsejado, hoy tengo que pausar la verdad para decirte que el móvil lo tengo apagado.
Nos van dejando los poetas del pueblo, los que nacieron para ser cantados desde las más lúgubres tabernas hasta los más solemnes altares.
Nos va dejando poco a poco la historia que hemos ido construyendo, o al menos, hemos creído o querido construir, señal de vejez quizás, o de tiempos difíciles, no lo sé. Bueno lo de más viejos si es cierto, pero se me torna que el poeta no muere por edad sino por que el viento sopla en sentido opuesto.
Lo hemos cantado en celebraciones, en bodas, en la playa, en el camping, lo hemos cantado en la ducha y después de querernos, pero sobre todo lo hemos cantado cuando queríamos llenar el alma de razones y el corazón de sentimientos.
Nos van dejando los poetas, y no se muy bien quien o quienes los están sustituyendo, La Mala? Siete colores?O quizás hay que ir un poco más allá y es Lady Gaga?. No lo se, solo sé, que nos están dejando nuestros poetas.
Jose Salvador
En homenaje a un gran poeta
COMPAÑEROS
Compañero, compañero, hasta aquí ya hemos llegado, atrás dejamos la noche con la violencia y el miedo.
Dejamos en los caminos compañeros que no han vuelto, que no han podido seguir contra este brutal esfuerzo.
Qué larga ha sido la noche, y el alba que tanto tarda: salid al camino hermanos que no amanece por nada,
y en nombre de los caídos, de los que nunca llegaron, hagamos de su esperanza tiempos de hombres renovados.
Vamos ahora, compañeros, a defender lo alcanzado y a seguir hacia delante, la lucha no ha terminado.
Defendamos os salarios, los panizos y los ríos, la igualdad entre los hombres, las montañas y los trigos.
Qué larga ha sido la noche, y el alba que tanto tarda: Salid al camino, hermanos, que no amanece por nada.
Desde que tengo uso de razón en la comprensión y la lectura, he ido observando como han puesto etiqueta a cada una de las generaciones que íbamos naciendo, los hippies, los revolucionarios, hasta una de las mas recientes la generación X, … hasta ahí más o menos todas las etiquetas intentaban reflejar el sentir y ser de toda una generación mundial, cuando se dice mundial, se refiere al primer mundo pues el resto no tiene generación para ser etiquetada fuera del hambre, la guerra, la supervivencia, las posguerras, los desastres naturales, las dictaduras, …….
Estas etiquetas como decía, hablan de cada uno de nosotros y nosotras, nos venían a marcar nuestro futuro, lo que seriamos, lo que hoy somos mejor dicho, y si te fijas con mejor o peor acierto han ido dando en el clavo, es fácil, si predispones al niño a ser malvado seguramente de mayor tendrás un asesino en potencia y podrás decir aquello de “ya lo decía yo”, pues eso nos ha pasado con las generaciones, nos dijeron que éramos hippies que valía mas el amor que la guerra, y nos volvimos pacifistas, queríamos ser fieles a lo que nos habían dicho que éramos.
Nos hablaron de la Generación X, nos convertimos en eso, en una incógnita nadie sabia donde estábamos. Empezamos a preguntarnos, quienes éramos, donde íbamos, que queríamos, etc… convertimos nuestra vida en una gran X, después llego la generación de los acomodados y las acomodadas, es decir, teníamos posibilidades, estudios, había empleo, pero nosotros seguíamos en casa de papa y mama, no queríamos arriesgar, vivíamos bien, teníamos todo lo necesario, hasta la libertad de decidir si irnos o quedarnos, nos dieron los 40 tacos viviendo con los progenitores.
Todas las etiquetas nos formaban, no eran solo formas de definirnos, sino más bien una buena formula para moldearnos, por ello, hemos sido idealistas convertidos en eXtraños que hemos acabado en la casa familiar por miedo a no cumplir nuestros sueños. Era algo, hacíamos algo, teníamos una tarea que cumplir.
Pero ahora, se ha llegado mucho más allá, se ha perdido el pudor, ya nada importa, no importa lo que se quede en el camino, no importan las miradas, ni el esfuerzo, ni siquiera la ilusión necesaria para mantener la vida presente. No existe ni el rubor necesario para callar aquello que con nostalgia, miedo o vergüenza se siente, ya no existe nada de eso, ahora se abre la boca y se dice, mejor dicho se maldice a toda una generación llamándola, la “Generación Perdida”.
Hagáis lo que hagáis, vuestros estudios, vuestros esfuerzos en las ongs, vuestro trabajo solidario, vuestra participación en la música, en las redes sociales, en el cine, en el teatro, en la lucha política, en la lucha sindical, vuestros años en la universidad, vuestra comprensión del mundo, vuestro respeto y aceptación de lo diferente, vuestra comunión con lo natural, vuestras risas, vuestros llantos, vuestras miradas. La luz del móvil en el concierto, la sentada frente a la plaza de toros, vuestros cuerpos desnudos sobre la caliente arena, vuestra ropa de payaso en hospitales, vuestra música de tambor mientras el sol se funde con el mar. Todo ello no es nada, absolutamente nada, porque sois una generación perdida, no contáis, habéis dejado de existir, ya no sois nadie y solo acabáis de nacer.
Ahora podéis saber como se siente un niño en Etiopia, una niña en China o en Irán, un republicano en Marruecos, o un amante de la igualdad en la India. Todos ellos antes de nacer ya habían sido etiquetados como mercancía de un gran supermercado, formar parte del escaparate. Primera página de los diarios, de las televisiones, del cine, o de estos y otros escritos.
¿Quién ha sido el pornográfico que ha nombrado a todos ustedes “Generación Perdida”?. Ojala, habrá que luchar por ello, esta vez la Historia no se cumpla. Ojala.
Nunca me gustó conducir de noche, quizás por ti lo haría pero nunca me gustó, las estrellas me entretienen el camino, son como notas musicales que se ponen a sonar y hacen bailar a la carretera por la que ando, y así, no puedo conducir, las curvas son como notas musicales, 1 redonda, y el coche empieza a tomar una curva, que podía haber sido perfectamente la curva de tu cuerpo, esa que se dibuja donde empieza la cola de tu caballo con alas, quien pudiera tomarla y deslizarse por ella como si fuera un tobogán, el del pecado, el de la lujuria.
Siguen las estrellas haciendo bailar mi camino, 2 blancas y 4 negras, notas que reflejan lo que hemos vivido hasta ahora, mucha luz, demasiada luz quizás y nos cegó o me cegó no lo se muy bien, y claro para apagar tanto deslumbramiento, como cuando vas conduciendo y alguien te pone las largas que te ciega, pues igual nos paso y tuvimos que echarle un poco de negro, notas musicales oscuras que me hicieran ir un poquito mas lento, pero como toda música al ser elaborada, al principio puede ser que suene mal, que el oído no este acostumbrado y tengamos que escucharla varias veces para ir tomándole el sabor, el mensaje de lo que nos quiere decir.
8 corcheas, dibujan las estrellas que se han posado sobre la botella que cubre la belleza que escondes entre tus piernas, 8 luces en el firmamento que dibujan la sonrisa que sueltas cuando te digo a la cara que te voy a comer la boca, cuando me sueltas “Mi arma”, 8 escalofríos como cuando escuchas la mejor de las notas musicales susurrar al oído, noto al mirar cada rincón de tu foto, que no es otra cosa que cada rincón de tu cuerpo, y que reflejan el deseo que te tengo, las ganas de hacer algo juntos, mucho más allá de unas viejas sabanas que nos cubran, o de un viejo sofá que nos abrace mientras derrochamos pasión, ganas y deseo.
16 Semicorcheas y ya tenemos todas las notas puestas, tus fotos sobre mi cama dibujan un puzzle, tu sonrisa sobre la pantalla dibuja un firmamento, mi amor sobre tu cuerpo dibuja un me gustas, un te quiero, ya no quedan notas musicales para seguir escuchando esta canción, o comenzamos una nueva partitura o esta que ya esta agotada nos fastidiara lo que nos habíamos propuesto. Conocernos.
Levanta un poco la cara, deja que tu sonrisa vuelva a dibujar un nuevo cielo, ríe a carcajadas y deja que tu risa inunde mis oídos a través de este maldito teléfono, pero sobre todo, siente, siente fuerte, porque si los dos sentimos al unísono, estoy seguro que volveremos a encontrar nuestra canción. ¡Mírame! yo ya estoy bailando, ahora solo me falta tu risa, ¡mi arma!.
Nunca me ha gustado conducir de noche, pero mi amor, por ti, por ti lo haría.
Me puse a pintar las paredes de mi habitación de blanco, para darle más luz al cuarto, y dicen que también así parece más limpio, el techo lo he pintado de azul, para ver el cielo mientras duermo, en realidad no he pintado nada por pintar, sino porque tenia que hacer algo, pasar el rato, ocuparme en algo diferente a lo que vulgarmente me ocupo.
He pintado todos los filos del cuarto, lo más entretenido lo que llaman recortes, eso que hacemos también con las personas, que las vamos seleccionando, recortando, esta para la marcha, esta para el café, a esta le cuento mis secretos y a esta la querré, somos así, nos pasamos la vida recortando.
He pintado una cenefa en una de las esquinas, creo que no se llama cenefa, sino “motivo”, en realidad es como un Tatoo, he querido que sea mi toque personal, como mi huella, ahora cada vez que veas una foto sabrás que es mi habitación, como a las personas, que tienen un tatuaje específico, algo personal no de catalogo, las conoces de momento, un tatoo dice mucho de quien lo lleva, o quizás de donde lo lleva, o tal vez de porqué lo lleva.
Como me ha sobrado pintura me puse a pintarme yo, empecé por darme un retoque en los pensamientos, elegí un color pastel para suavizarlos, tengo últimamente tendencia a pensar mal, y eso a parte de no gustarme me hace sentir triste, así que le di una mano de pintura y como nuevo, a pensar que lo pensado no tenia porque haberse pensado.
El color fuerte lo deje para las ideas, necesito renovar, estoy casi seco, agotado diríase, con falta de creatividad, me cuesta ponerme a escribir algo inteligente, creativo, que llegue, algo que vaya mas allá del folio que emborrono, necesito un empujón de optimismo, el mismo que me daban tus ojos cuando me decías que bailara, o la picaresca de tu frase cuando me decías lo que me iba a pasar el día que estuvieras cerca, eran momentos como el color, fuertes, creativos, llenos de imaginación.
Se que me han sobrado colores, que necesito pintar una nueva sonrisa que la usada ya no es para nadie, te la ofrecí y cuando la has tirado no soy capaz de volver a pintarla, ya no sirve. También tengo el color del corazón ese que hace latir mas fuerte cuando se abre la ventana y sabes que detrás de ella estas tú, odio ese color, le tengo demasiado coraje cada vez que lo uso se me estropea, se corta, y estoy seguro que es culpa mía que no hago bien las mezclas, que echo demasiado disolvente y claro, el color ya no es lo que era, y por lo tanto asusta verlo.
La mirada necesita una mano también, un poco de rimel para hacerla mas intensa, pero sobre todo lo que necesita es color, se ha quedado un poco triste, no es muy racional seguro, porque no había de haber motivo o quizás si, pero que color le pongo, verde, diríase que refleja esperanza y la verdad no se si existe, marrón demasiado oscuro costará luego avivarlo cuando llegue el momento, quizás los pinte de miel porque tiene el color apagado del momento pero la dulzura que refleja que esto será solo pasajero, un mal momento.
Tengo todos los colores esturreados por el cuarto, manchado hasta el último ricón, vaya estampa, yo desnudo revolcado sobre ellos y tú mirando para otro lado, ya no te importa si bailo sobre el verde, o si mi ropa cae sobre rojo pasión, ni siquiera te importa que me envuelva en el marrón. ¿Ya no te gustan los colores? Dímelo para volver a echar disolvente porque tanto color sin usar duele, digo que si duele.
He de comprarme un diccionario, pues las palabras que pronuncio o que escribo no siempre parece que tienen el mismo significado, lo iré regalando por ahí, a propios y a extraños, y no llegar a equívocos que dificulten la larga o quizás corta travesía que estamos pasando, a la vez, te pediré a ti el tuyo, para saber cada palabra el significado que le estas dando, cada acento o cada pronunciación a la parte del alma que pertenece, porque tú mejor que nadie sabes que hay palabras que se escriben con el corazón, otras con el alma, muchas de ellas las escribimos con la rabia, y otras las menos nos salen de los sentimientos.
Escribimos y herimos, escribimos y amamos, escribimos y odiamos, todo con el mismo abecedario con el mismo idioma pero con diferentes significados, por eso mi primer regalo un diccionario, el segundo mis palabras, que también quiero que sean un regalo.
Cuando digo me gustas, me refiero a todo lo tuyo, no solo a tu cuerpo, también a tu risa, y a tu forma de enfadarte, a tu manera de soplar cuando algo no sale bien y como no a tus andares diferentes según el lugar al que te dirijas. Cuando digo me gustas, no me refiero solo a la necesidad carnal de tenerte entre mis brazos, entre mis sabanas o debajo del agua que me está duchando, cuando digo me gustas me refiero también a la forma que tienes de mirar cuando no miras, o de hablar cuando estas callado, cuando digo me gustas, no lo digo porque me da la gana, lo digo porque mi boca se abre a la fuerza, mi corazón se acelera y mi cerebro envía la orden a mis cuerdas vocales para que formen la palabra ¡Me gustas! Y no lo digo por las prisas de tener algo contigo que lo tengo, lo digo porque así lo dice mi diccionario, me gustas: Díselo antes que otro se lo cante.
Cuando digo te quiero, es que ya gaste un millón de vocablos en decirte me gustas, te quiero es como el agua del mar, rabioso y calmo, es espumoso y lacio, es valiente y excesivamente conservador, como las olas, que siempre están llegando a la orilla y a veces se convierten en tsunami que lo arrasan y destruyen todo, el mismo mar, la misma ola, así es el te quiero, a veces apacigua otras destruye el corazón porque no tiene eco, no tiene respuesta, y un Te quiero, o va seguido de una respuesta o destrozará la garganta al ser pronunciado.
Un te quiero, es algo más que un compromiso, es una sensación, a veces un escalofrío dirían los poetas, otras veces una navaja afilada que brilla a la luz de cualquier luna, pero casi siempre son unas lagrimas que hay que recoger. Te quiero se dice siempre después de haber gastado un millón de vocablos en decir Me gustas.
Quiero compartir mi vida, es tan complicada la frase, el verbo que se utiliza, el sujeto y hasta el objeto, y como no el predicado, ¿compartir la vida? ¿Qué vida? La vivida, la que nos queda por vivir, la que todo el mundo conoce, o la que llevamos dentro, la que soñamos que viviremos, la que estamos construyendo, o la que nos hemos encontrado. Son tantas vidas, que veces se nos olvida y solo compartimos una y cuando llega la otra salimos corriendo, pues es extraña, desconocida, diríase que no nos pertenece, que esa no era la vida. Quiero compartir mi vida tiene que llegar después del millón de de vocablos de Me gustas, y un millón después de Te quiero, solo así sabremos que vida nos pertenece para compartirla.
Y por último, compartir las lágrimas, que saldrán de mis ojos, de tus ojos, amargas como el tuétano, tristes como la primavera cuando deja de brotar, salvajes como el invierno de Siberia, odiosas como la madrastra de cenicienta, pero que llegarán y de forma abundante, porque la vida se nutre de ellas, cuando se nos van trocitos que la forman, y ahí, o tienes ya mi diccionario y yo tengo el tuyo, o nos ahogarán, y será como la estúpida y fracasada historia de Alicia en el país de las Maravillas. Las lagrimas llegaran y espero que cuando lleguen nos pillen abrazados formando una gran fuerza porque sino, será como la ola que en la orilla arrastra a la vieja que aunque es sabia ya no le quedan fuerzas.
Me gustaría escribir sobre lo absurdo del tema toros, pero soy tan profano en la materia que no debiera hacerlo, se ha llegado a decir que peligraba la identidad de España como país, como nación. Se ha dicho también por el otro lado, que los asesinos no tienen cabida en este “moderno” país, que los y las jóvenes ya no apoyan estas barbaries, ¿Se han fijado quienes son los protagonistas de tirar una cabra del campanario, o matar un toro a pedradas, o lanzarlo al agua, o ponerle fuego en los cuernos?, en fin, como estaba diciendo, se han dicho demasiadas tonterías por un y otro bando.
Que no me gustan los toros lo saben hasta las vacas, pero de ahí a convertir en una cuestión de nación, de identidad, o de edad, el debate me parece como minino una falta de argumentos, donde queda en el debate: los costes económicos de la fiesta, el tipo de público que la sustenta, las subvenciones que recibe, la riqueza que genera, la lucha frente a la naturaleza de un animal bravo, el sufrimiento de la muerte a son de corneta, …….. porque no circunscribimos el debate a lo que es una corrida de toros, quizás sea más fácil ponernos de acuerdo, que no significa estar de acuerdo.
Que seguramente la llamada “fiesta nacional” ha tocado a su fin, es muy probable, que como toda revolución cultural y de pensamiento tendrá sus altos y bajos, también es probable, pero ha tocado techo, no se puede sostener que para divertirnos lo hagamos a costa del sufrimiento de un animal, por mucho que nos guste, por mucho que la estética del hombre frente a un bicho de 600 kg sea inigualable en otro campo, por mucha historia que arrastre, cine, canciones, coplas, poetas, pintores, etc…. Los toros, ya no tienen su sitio, se lo ha quitado la responsabilidad de una sociedad que quiere cambiar en ética, aunque luego mate a sus mujeres, abandone en asilos baratos a sus ancianos o expulse a los llegados de fuera porque ya no los necesita para los malos trabajos.
El debate esta en la calle, eso dicen por lo menos, aunque mi pescadero solo me habla de lo mal que le va con la crisis, no de toros, claro el no vende carne será por eso, y mira que esta rico un buen rabo, de toro hombre de toro.
Roja, amarillo gualda y roja, esos son los colores de la bandera de España,colores que puestos en ese orden, no hace ni dos telediarios eran representativos de lo facha, lo arcaico, lo atrasado, el pasado.
Estaba ahí porque tenía que estar pero los bien pensantes, la mayoría de la población no era devota de esos colores, de esa bandera, preferían mil veces antes los colores de las banderas de su autonomía o localidad, parece, sin conocer la historia, que estuviesen mas limpias de cuerpo y alma.
Pero como todo en este país se transforma sin que casi nos demos cuenta. Éramos emigrantes, tenemos tíos en Alemania, Francia, Holanda, Venezuela, que nos han traído siempre regalos de aquellos que aquí no existían, y sin darnos cuentas, comenzaron a llegar, de Rumania, de Hungría, de Educador, Colombia, Venezuela, Marruecos, Senegal, …. De decenas de países, y convirtieron nuestras ciudades en muestras de cultura diferente, la tienda de 20 duros, paso a ser la del marroquí o el chino, la carnicería del barrio es musulmana no vende carne de cerdo, y la novia de mi primo, no el que nació en Francia sino el de aquí, es colombiana.
Todo esto ha ido pasando sin darnos cuenta, y nos hacíamos ricos, o creíamos que éramos ricos, y comenzamos a viajar por otros países, y a tener aspiraciones de buenas casas, buenos coches, …. Queríamos tener un ordenador cada uno, una habitación sin compartir con el hermano, ir a escuelas de pago si eran mejores, y ponernos en los dientes ese horroroso aparato metálico que los deja niquen forever.
Pero como todo sueño, de golpe sin saber porque ni quien hizo que así ocurriera nos echaron un jarro de agua fría, fría no, helada mejor dicho, y empezamos a temblar, por nuestro piso, nuestro coche, nuestro trabajo, nuestros derechos, nuestros sueños, nuestras ilusiones, y ya lo intercultural nos parecía invasión, la novia de mi primo ya no es Colombia es la que ha venio a currar a España con lo mala que esta la cosa aquí pa “los nuestros”. Y en todo este desbarajuste, en todo este desaguisado, en todo este cenizo, maldito el cabrón que lo creo, digo en todo este desasosiego que casi no nos dejaba respirar, llegó ESPAÑA, LA ROJA, y todo volvió a ser de color, todos celebrábamos al unísono los triunfos, como si el partido lo jugáramos desde casa en vez a miles de kilómetros.
Aquel trozo de tela denostado (rojo, amarillo gualda y rojo) volvió a ser nuestra bandera, lucia en balcones, ventanas, coches, niños con banderolas, camisetas y los mas osados hasta en los huevos pues sus slips eran de ESPAÑA.
Otra vez, de nuevo, algo nos hacia soñar, quizás era un poco de pan y circo, ¿pero lo necesitábamos?, demasiada agua fría estaba cayendo sobre nuestras espaldas, ya se que si ganamos o perdemos a la mañana siguiente seguirá la economía igual que hoy, pero ¿y la población? Espero que con mas conciencia de pensar que si todos a una, defendemos una historia, esta no le queda más remedio que cumplirse.
Mi amigo Luis en su articulo en TRES W ondeando.org dice que ahora tocaría gritar VIVA ESPAÑA, pero el pasado sigue siendo demasiado pesado para saltárselo por un partido de futbol, así que engañemos al corazón y gritemos VIVA LA ROJA.